Cuaderno de Anotaciones

Momentos de desparche periodístico para comentar hechos y situaciones que se escapan de nuestra efímera memoria.


La pareja de esposos, no entendía que un loco reportero de El Heraldo estuviera persiguiéndolos casi 20 kilómetros para conocer por qué andaban paseando alrededor del mundo en tan particular armatoste. Foto: Giovanni Escudero. 
Iris y Wolfram Zeller, una pareja de esposos radicada en Frankfurt (Alemania) tenían tres opciones tras su jubilación: internarse en una casa de retiro para disfrutar de una tranquila vejez, realizar algún curso de diseño en Berlín, o viajar y conocer el mundo en un automóvil. Se decidieron por la tercera y emprendieron una travesía que ahora los tiene en América Latina.

En una casa rodante Mercedes Benz adquirida tras vender sus pertenencias, los Zeller han vivido, en primera persona, desde las más exóticas planicies africanas hasta el austral frío de la Patagonia argentina, sumando más de 100.000 kilómetros de viaje y poco más de 45 países.

La gran coraza gris del modelo G300 CDI ha aguantado todas esas clases de climas; sean benignos o inclementes. Ahora, vía a Ciénaga, el vehículo de placas ‘teutonas’ sorprende a quien observa al conductor y su copiloto: dos ancianos un tanto hinchados por el calor del Caribe y con el pelo blanqueado por los años. Al percatarse, éstos devuelven el saludo y continúan su rumbo.

Sin embargo, cuando se les intenta llamar su atención en el camino, lo  piensan dos veces y siguen su ruta. Después de 30 kilómetros de persecución, un carné de prensa a la vista y un enrevesado “i’m a journalist”, reaccionaron y salieron de su fortaleza que alberga un dormitorio, cocina, comedor y un pequeño baño.

Iris, al bajar el vidrio (y sus prevenciones) cuenta que en 2010 se emocionaron leyendo una nota publicada en el diario Frankfurter Allgemeinen Zeitung, en el que se destacaba el récord de una pareja de esposos que había recorrido el mundo durante 25 años. Sin embargo, más que la marca, les llamó la atención independencia y libertad de un ‘paseo’ que en el caso de los Zeller ya lleva tres continentes.

En esa casa rodante han recorrido Colombia. Popayán, Cali, Medellín, Cartagena, Santa Marta o municipios como Guatapé, el Peñón, entre otros, los han recibido y acogido como uno más. Prueba de ello es su opinión sobre el país que pronto terminarán de recorrer: “A nosotros nos gustó mucho Colombia, sus campos son muy hermosos y la gente es muy buena” afirma Iris mientras trata de soportar el sopor del mediodía cienaguero.

A pesar de su objetivo mundialista en cuatro ruedas, Iris y Wolfram excluirán dos países de la subregión: Venezuela y Guyana. ¿La razón? “No queremos”, afirma mientras que su esposo, con la cabeza, confirma esa respuesta.

En breve se dirigirán a México en avión. El automóvil irá rumbo, sin ellos, a la ciudad costera de Veracruz. “Queremos descansar un poco”, recalca Iris.

Todo riesgo es asumible para llegar a Alaska, su meta final. Iris Zeller dice escuetamente en un ‘spanglish’ adquirido en su recorrido por todos los países de la región que “No hay temor”. Cuando lleguen allí –explica Iris frente al implacable silencio de su marido- culminará “por ahora” la travesía. “El mundo aún es una palabra muy grande. No sabemos si llegaremos a Asia o a más países de Europa”, explica la mujer de ojos azules que contrastan con la piel mestiza y ojos oscuros de los hijos del Caribe.

Al terminar el diálogo, los Zeller aparcan en una droguería del centro de Ciénaga para cargar algunas provisiones. Algunos curiosos observan mientras se hacen los desentendidos. La pareja solo piensa en llegar a su meta antes que el tiempo, implacable sobre ellos, los termine venciendo.

Esta nota inicialmente sería publicada en El Heraldo. Pero, por un editor que me tenía entre 'ceja y ceja', jamás vio la luz en ese matutino. Afortunadamente, Elkin Sánchez Cuadro y su equipo de El Comunicador Virtual lo rescató y publicó integramente. Puede leerlo justo aquí. 

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